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Como se desprende de la carta que antecede, el advenimiento de Pueyrredón al Directorio significó una lucha a muerte entre los dos sistemas, el de los pactos interprovinciales preconizado por Artigas para la organización de la Confederación y el del poder central arraigado en Buenos Aires que encabezaba ahora un hombre que agotaba todos los medios materiales y morales para lograr su triunfo. Los "ejércitos de pacificación" bonaerenses se repitieron sobre Santa Fe. Los cantos de sirena "pueyrredonianos", como los de Sarratea en 1812, se extendieron sobre Entre Ríos y la Banda Oriental, atrayendo a importantes jefes como Eusebio Hereñú en la primera y Rufino Bauza en la Oriental. Pueyrredón paga para vindicarse con sus compatriotas a "viles apologistas" como lo es el oriental Pedro Feliciano Sainz de Cavia, quien escribe atacando a Artigas el célebre libelo: "El Protector Nominal de los Pueblos Libres, don José Artigas, clasificado por el Amigo del Orden", en momentos que llega una misión norteamericana a estudiar el posible reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas por parte de los Estados Unidos. Brackenridge, secretario de esa misión, simpatizante del libelo, no puede dejar de anotar refiriéndose a la importancia que el general Artigas le daba al escrito difamatorio, al atribuirle la expresión: "Mi gente no sabe leer". Pueyrredón, con la presencia del "europeizante" Congreso de Tucumán, en Buenos Aires desde 1817, pretende solucionar el problema de la organización centralizada en favor, como siempre, de la ex-capital virreinal, y pretende luego imponer la Constitución unitaria (abril de 1819). En junio Pueyrredón renuncia alegando que al frente del Directorio debía encontrarse un "jefe más formado en las campañas", que poseyese "más conocimientos militares". Como en el duelo de los dos sistemas que encabezaron Sarratea y Artigas en 1812-13, en este nuevo encuentro entre Pueyrredón y Artigas (1816-1819), el triunfo es del Protector. El nuevo Director, José Rondeau, busca a través del Coronel Domingo French atraerse al General Artigas. Nuevamente, el Directorio trata de absorber el golpe de la derrota como en abril de 1815 para, poco a poco, fortalecido, volver a las anteriores andanzas. Recordando a Carlos Anaya, sabemos que la firmeza del General Artigas era indomable "pero siempre actuaba con candidez y buena fe". Fuerte había sido la experiencia de lo sucedido luego de Fontezuelas para responder al nuevo Director José Rondeau: "Empiece, señor, por desmentir las ideas mezquinas de su predecesor y a inspirar la confianza pública; empiece usted con el rompimiento con los portugueses y este paso afianzará la seguridad de los otros" (28 de julio de 1819). Nuevamente el choque de las posiciones lleva a las armas. Los ejércitos de la Liga, al mando del Gobernador de Santa Fe, Estanislao López y de Francisco Ramírez, Gobernador de Concepción del Uruguay, se encuentran el 1º de febrero de 1820, en Cepeda, (diez días después de la batalla de Tacuarembó), donde triunfaron las fuerzas de la Liga Artiguista. Tiene lugar la renuncia de Rondeau y el fin del Directorio. Aparece al frente del Gobierno de Buenos Aires, Manuel de Sarratea; los triunfantes caudillos caen en una nueva celada de la Capital. Surgen, parece, conjurados los enemigos del Protector de los Pueblos Libres en torno a la figura de Francisco Ramírez, Carlos María de Alvear y su amigo, el patriota chileno José Miguel Carrera. La veintena de días que transcurren entre Cepeda y la firma del pacto del Pilar serán de continuos manejos, logrando la traición lo que no consiguieron las derrotas militares de Artigas: su alejamiento del teatro de la lucha. |
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