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EL CONGRESO DE LA CAPILLA DE MACIEL
Artigas abandona el Sitio y entrega su espada

Como Artigas no reconoció al Congreso y sus decisiones, las actas no fueran aprobadas por los pueblos pues se había variado la voluntad de los mismos y hasta tanto, éstos no debían admitir documento alguno sino por su conducto (el de Artigas), pues seguía siendo el Presidente del Gobierno Económico.

Trata con Rondeau de convocar a un nuevo Congreso y es desestimado. Rondeau, su compañero de armas desde la época española en el Cuerpo de Blandengues, se transforma en instrumento de Buenos Aires.

Ante el olvido de sus compatriotas que lo negaron en el Congreso, puesto en duda su poder por los propios pueblos que lo habían elegido, dejado a un lado por su amigo Rondeau, decide abandonar el sitio.

El Coronel don José Artigas ha desaparecido de este sitio en la noche del 20 del corriente y tras él han desfilado el Regimiento de Blandengues y un piquete de Caballería Patriótica, a más de la división al mando de don Fernando Otorgues que cubría el punto del Cerro y que en la misma noche abandonó su puesto llevándose un cañón. De cuatro divisiones orientales sólo permanecen unidas a este ejército las del mando de don Manuel Artigas y don Manuel Vicente Pagóla, con las que a excepción de sus comandantes, no puede contarse con confianza, porque a pesar de su disimulo se advierte en los más una disposición a seguir el partido de aquel Jefe.

Dice el Padre Bartolomé Muñoz en su diario, con fecha 20 de enero de 1814: "Supe que Artigas había dado a su hermano (Manuel Francisco) el rico sable* que le regaló el Cabildo de Buenos Aires. Se oía que era para irse también."

Manuel Francisco había votado en Capilla Maciel, de acuerdo a las instrucciones de sus representados, pues "las instrucciones que su Pueblo le había dado eran que, prescindiendo de los sentimientos de sangre (de familia), su voluntad era que en nada se opusiera a la unión con Buenos Aires y que a toda costa evitase la discordia y desunión." Como buen oriental y un Artigas que era, sin la visión del General, al igual que su Pueblo, ve el presente olvidado de los trabajos de los tres años pasados.

El General, que veía más lejos, se desprende del hermoso sable regalado por el Cabildo del pueblo hermano de Buenos Aires en 1811 y lo entrega a su hermano. Él había dicho en la Procesión del Yi: "El pueblo de Buenos Aires es y será siempre nuestro hermano, pero nunca su gobierno actual." Sin duda, con este gesto nacido del alma, comprende a su hermano y olvida el pasado.

Deja a su hermano la responsabilidad de mantener a los orientales en torno al Sitio. Este magnífico sable, símbolo del mando, no se volcaría contra el pueblo de Buenos Aires.

Se va de paisano seguido de su fiel secretario Miguel Barreiro y una decena de gauchos. Emprende la marcha, sin rumbo al parecer. Como el año anterior se producen deserciones masivas del Sitio a la campaña, tras el General. El General Artigas ha dado una prueba más de su desinterés, abandonando todo. Pero, su pueblo y sus soldados lo siguen. No puede dejar de ser el General en Jefe de los Orientales.

En 1814 su estrella brillará y a partir de este momento se transformará en el Protector de los Pueblos Libres.

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* El sable mencionado anteriormente fue regalado al entonces Coronel José Artigas por el Cabildo de Buenos Aires y es el que ciñó en el Éxodo y durante el Segundo Sitio de Montevideo (1811-1813 y 1814). En los días previos a su retirada del Sitio se lo dio a su hermano Manuel Francisco. Muerto éste en 1822, pasó a su hija Modesta, casada con Juan Ramón Menchaca. El hijo de éstos Floro Menchaca Artigas, lo pasó a su hija Telma Menchaca Inzaurraga que se casó con Joaquín Albanel Cubot. La hija de éstos, doña Liana Albanel Menchaca, casada con don Raúl Fiol Solé, son los padres de la actual poseedora, la señorita Marta Fiol Albanel. Seis generaciones de los Artigas han mantenido en su poder este valioso símbolo del mando con que el pueblo hermano de Buenos Aires premió el valor del ilustre americano, don José Artigas, luego de su triunfo en la batalla de Las Piedras.






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